Foto: Esteban Seijo

Es conocido que las costas del Mar Argentino son la principal atracción turística en la provincia de Buenos Aires durante la temporada de verano. Por eso, las empresas, los políticos y pequeños comerciantes hacen todo lo posible para mostrarse amables con los visitantes.

En el largo camino que divide a La Matanza con las ciudades balnearias podían verse diversos carteles de políticos matanceros que decoraban la Ruta Provincial N°11. Fernando Espinoza y Verónica Magario invirtieron el centenares de pasacalles para avisarle a los turistas que “hay futuro”, en referencia a la postulación provincial de alguno de los dos.

Miguel Saredi fue otro de los dirigentes que se ocupó de colocar carteles en algunas ciudades costeras, como en la entrada de Villa Gesell, donde se concentró una gran de cantidad de jóvenes matanceros.

Por su parte, Rubén Ledesma también incursiona actividades políticas entre las ola y la arena para seguir expandiendo su partido en el territorio bonaerense, y marcarle la cancha al Frente Renovador.

La política matancera se calzó las ojotas y comenzó a caminar por los diferentes destinos turísticos con la mira puesta en las elecciones de este año, que definirán el destino de muchos dirigentes.

En primera persona, ¿cómo fue la temporada?

La temporada no fue buena económicamente según los comerciantes de la zona con los que pudo dialogar este periodista. Tanto en San Bernardo, La Lucila del Mar, Mar del Tuyú y Villa Gesell, las personas que viven del turismo remarcaron su preocupación.

Un taxista de Villa Gesell me contó que “este año hay un 25% menos de gente, sobre todo jóvenes, que hay un 30% menos. Esta temporada es muy mala porque la gente quiere ahorrar y no toma taxis ni remises”.

Por su parte, un vendedor de panchos en una de las playas más concurridas de San Bernardo me dijo que “hay un 50% menos de ventas este año. La temporada es malísima, vino muy poca gente”.

San Bernardo contaba con 2 grandes locales bailables muy reconocidos en la zona, pero uno de ellos cerró sus puertas e hizo decaer la movida nocturna y sufrió una merma importante en los jóvenes que iban al lugar.

Una veraneante de La Lucila del Mar, en el partido de La Costa, me aseguró que “este año sólo vinieron lo que tenían una casa acá, pero los alquileres bajaron mucho en esta zona”.

Una táctica muy repetida entre los grupos de amigos era ocupar la casa propia que poseía algún integrante del grupo en las ciudades balnearias para evitar alquilar. Tres jóvenes aprovecharon la casa de uno en Mar del Tuyú, pero siempre se movilizaban hacia San Bernardo, Villa Gesell o Pinamar para ir a los boliches más conocidos de la zona.

Así las cosas, la gente se las rebuscó para tener su descanso luego de un año de trabajo y la presencia matancera se hizo sentir como pudo en los principales puntos de la costa bonaerense.