El último 2 de octubre fue tan particular como festivo, no sólo porque se cumplía otro aniversario de mi nacimiento sino porque me encontraba en otro país para celebrarlo. Con una pareja que me recibió en su casa y algunas amistades cercanas, decidimos ir a festejar mis 28 a un bar muy interesante del cual, entre otras cosas que no recuerdo de esa noche, está su nombre. La diversión nos desbordó notoriamente a todos entre aguardientes y cervezas, más la música nativa y los bailes de los presentes, hasta incluso creo haber saludado al público como si de un homenaje se tratara. La fiesta transcurrió con tanto éxito que, al momento de la finalización, nadie estuvo de acuerdo. Volaron botellas, hubo corridas y taxis escapando. “Así es como se terminan los cumpleaños en Colombia, parcero”, escuché un segundo antes de desmayarme en mi cama.