por Sergio Laurenza

En el verano último, más precisamente a finales de febrero, poco antes que el mundo cambiara y la historia escribiera una página inédita para la humanidad, hicimos con mi hija Anabella, un recorrido por el cementerio de la Recoleta. Le pedí que me acompañara y que me ayudara a encontrar algunas bóvedas de familias relacionadas con La Matanza, familias que fueron grandes propietarias de nuestro distrito a finales del siglo XIX y principios del XX. Entre ellas Los Ezcurra, Los Massinni, Madariaga, Ramos Mejía, etc. En esa búsqueda nos cruzamos con la familia Labouglé. En el momento el apellido me resultó familiar y al acercarnos esa sospecha se confirmó con una placa en su portal que decía “La confederación de señoras de San Vicente de Paul de Ramos Mejía a su benefactor” y otra, un poco más arriba, señalaba “los empleados del Senado de La Nación a su ex secretario”. Surgió así la pregunta ¿Quién fue Don Adolfo Labouglé?

Había leído hace algún tiempo que en Ramos Mejía tenía una quinta un señor Labouglé en la zona que hoy es Av. de Mayo entre Espora y Rosales, hacia adentro algunas cuadras. A la quinta se la conocía cómo “Del Carmen”. Pero lo que realmente hacía conocido a este vecino era que había sido promotor de la junta que recaudó los fondos para la construcción de la Iglesia Nuestra Señora del Carmen (https://www.matanzadigital.com.ar/una-pequena-gran-joya-de-la-arquitectura-en-la-matanza/). Resulta que Don Adolfo había tenido una vida un tanto más interesante y sus hijos fueron realmente famosos en su época.

Nació en Corrientes en 1858, pero vivió en Buenos Aires casi toda su vida. El censo de 1869 lo ubica con 11 años de edad viviendo con su madre y sus hermanas, posteriormente se casa con Doña Luisa Carranza Mármol y viven en la calle Florida 345, en dónde crían a sus 11 hijos.
Adolfo estudió en el Nacional Buenos aires, inició su carrera como abogado pero no la terminó, de joven se convirtió en un entusiasta periodista que publicó artículos en periódicos cómo “La Junta” y “El comercio” y en 1884 ocupó un cargo público convirtiéndose en secretario del Senado Nacional, lugar donde permanecería durante 40 años.

Su firma aparece en acciones destacadas del Congreso como la del presupuesto para la construcción del Parque Centenario de Tucumán o la creación de la estatua de Carlos Pellegrini en Buenos Aires. Para Ramos Mejía consiguió fondos para la creación del colegio Nicolás Avellaneda en 1915 que posteriormente será el “Santo Domingo”, también como ya dijimos formó parte de la comisión para la construcción de la iglesia y la obtención de los terrenos que hoy son la plaza Sarmiento. Fervoroso católico colaboró con las damas de caridad de San Vicente de Pauls.

Una anécdota tomada por Luis Balmaceda en su libro “Biografía no autorizada del año 1910” lo ubica junto al presidente de la Nación:
“…¿Cuál fue el primer presidente que inauguró sesiones parlamentarias desde ese edificio? (se refiere al nuevo edificio del congreso)
Figueroa Alcorta, el 12 de mayo de 1906….. El punto es que la extensión del discurso no solo cansó a diputados y senadores, sino también a las cuerdas vocales del presidente….. vencido por la disfonía debió ceder su lugar al secretario del Senado, Adolfo Labouglé, para que continuara la lectura.” Fue la primera y única vez en la historia argentina que un secretario pronunció un discurso de apertura parlamentaria.
Como dijimos, de su casamiento con Luisa Carranza mármol nacen 11 hijos y algunos de ellos tuvieron destacadas vidas públicas, al menos 3 de ellos fueron diplomáticos de carrera, quizás el más importante haya sido su cuarto hijo, Eduardo Labouglé.

Eduardo fue un destacado diplomático que se lo recuerda fundamentalmente por su desempeño frente a la embajada argentina en Alemania durante el ascenso del nazismo al poder. Estuvo allí en 1932 hasta 1939 y debió lidiar entre los atropellos de un régimen político totalitario y violento y la ambigüedad del gobierno argentino que no definía su postura frente a Hitler y sus abusos. Son conocidas sus cartas dónde describe al “führer” alemán en toda su crueldad y sus protestas sobre los abusos contra los judíos. En medio de la tormenta de aquellos años, Eduardo Labouglé supo defender sus principios y su integridad intentando por todos los medios a su alcance mantener una postura de dignidad democrática para nuestro país.
Adolfo Labouglé, fue sin duda un vecino destacado y colaboró con el crecimiento de Ramos Mejía, murió el 3 de febrero de 1926, sus restos se encuentran en el cementerio de la recoleta, pero algo de Él pasea aun hoy por Avenida de Mayo y toma sol en la plaza frente a la Iglesia.